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Una mala dieta expone al cerebro a trabajar en condiciones extremas

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Una mala dieta expone al cerebro a trabajar en condiciones extremas

La malnutrición crónica presenta debilidad, afecciones nerviosas severas, depresión, ansiedad

Nutritiva.mx.- Los aspectos dietéticos y el aprendizaje están estrechamente vinculados con la edad; a menor edad mayor impacto en la calidad del alimento que consumimos para el desarrollo y maduración del sistema nervioso. 

En etapas tempranas la presencia de proteínas, lípidos y carbohidratos determinará los enlaces neuronales (sinapsis) que en un futuro determinaran las habilidades, destrezas y madurez cognitiva de los sujetos, de modo que la desnutrición impacta con mayor intensidad en los bebés que en los niños ya mayores. Sin embargo, el sistema nervioso se mantiene en constante actividad y cada vez que aprendemos algo nuevo o “desaprendemos” se incrementan las sinapsis o comunicación entre las neuronas. 

La doctora Marisol Torres Toledano, Internista del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) Estado de México Oriente, al sustentar el valor de las proteínas, lípidos y carbohidratos en los alimentos, así como el daño que pueden ocasionarnos algunas dietas mal encaminadas, declaró lo siguiente:

“Los alimentos que consumimos, si bien conforman una parte importante de los elementos estructurales o funcionales de nuestro cerebro no condicionan como tal sus funciones básicas hasta que se encuentra en condiciones extremas de desnutrición, que es entonces cuando sí se pone en riesgo la integridad del cerebro aún en condiciones de reposo absoluto.

“Una buena alimentación, con alimentos variados y nutritivos asegurará que el cuerpo contará con las moléculas básicas para el buen funcionamiento y estructura cerebral. Y obviamente, ante una exposición aguda al estrés (enfermedad, contingencia o problema personal) se contará con una buena reserva para responder de forma adecuada del cerebro ante los posibles efectos dañinos y generar respuestas de adaptación del cerebro ante la crisis percibida. 

“Mientras que un cerebro que apenas cuenta con las moléculas necesarias para realizar las funciones vitales y de relación básicas ante un evento estresante crítico, tendrá menos recursos para resolver de manera adecuada el evento crítico”.

Ante esta situación, la doctora Marisol Torres dio algunas sugerencias alimenticias que aconseja consumir: “ácidos grasos, almendras, alimentos ricos en lecitina (hígado, huevo) que son la moléculas de base lipídica (grasas) que contribuyen a generar buenas uniones cerebrales las cuales se incrementan cuando aprendemos algo.

“Sin embargo, sí podemos decir, que dado que el cerebro requiere de mucha energía para mantener un estado de alerta, y que esa energía se toma directamente de la degradación de azucares simples si exponemos a nuestro cerebro a periodos prolongados de exceso o falta de azúcar se verá afectado el adecuado desarrollo.

“Un ejemplo es cuando los niños comen azúcares que los activan, y los hacen más inquietos por los altos niveles de azúcar que capta el cerebro, o cuando las personas expuestas a hipoglucemia o bajo nivel de azúcar presentan datos de daño que puede iniciar con somnolencia o en el extremo hasta el coma. ¿Cuál es la desventaja?, que esas variaciones pueden generar daños irreversibles y que aunque poco evidentes pueden llevar a demencia de forma gradual. 

Otros efectos adversos de los azúcares se presentan en las personas con diabetes mal controlada, la alta concentración de azúcar en la sangre genera caramelización de los nervios periféricos llevando a daño irreversible de las neuronas con aparición de síntomas de neuropatía diabética (hormigueo, dolor, ardor). 

La especialista dijo que la abstinencia de ciertos alimentos, las dietas restringidas y los espacios largos entre una comida y otra son perjudiciales para el organismo y el cerebro, “ya que, desgraciadamente los periodos de ayuno prolongados, o las restricciones de grupos de alimentos sin la correcta supervisión, pueden hacer que de forma crónica expongamos a nuestro cerebro a trabajar en condiciones extremas. Por lo que ante un evento inesperado la malnutrición pueden presentar efectos no esperados como debilidad, afecciones nerviosas severas, depresión no explicada y ansiedad, entre otros.


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