La investigación desarrollada en la UNAM explora microorganismos, enzimas y polisacáridos para avanzar hacia nuevas soluciones basadas en prebióticos
Por: Redacción | Fotografía: Daniela Escartin
LaSalud.mx | Microbiota.lat | Nutritiva.mx, Ciudad de México, 17 de agosto de 2026 .- La relación entre los alimentos, los microorganismos y la microbiota intestinal ocupa un lugar central en las investigaciones desarrolladas por el Dr. Agustín López Munguía, doctor en Biotecnología e investigador del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante su participación en el panel “Retos en la transferencia de innovaciones en el sector de nutracéuticos: el caso de los fructooligosacáridos tipo levana”, del conversatorio “Del Laboratorio al Mercado” en el Instituto Nacional de Medicina Genómica, explicó cómo décadas de investigación sobre enzimas, polisacáridos y prebióticos han permitido estudiar la capacidad de determinados compuestos para interactuar con la microbiota y favorecer bacterias benéficas.
López Munguía explicó que su trabajo parte de la investigación básica, pero que una de las principales dificultades consiste en trasladar los hallazgos del laboratorio hacia aplicaciones concretas. En el caso de los prebióticos, señaló que el desarrollo requiere pasar por distintas etapas: microorganismos capaces de producir enzimas, purificación y caracterización de estas moléculas, producción de los compuestos y, posteriormente, su evaluación para llevarlos a productos que puedan utilizarse en la industria.
Uno de los ejes de su trabajo son los prebióticos, que describió como sustancias que llegan a la microbiota intestinal sin ser digeridas y que son consumidas preferentemente por bacterias benéficas. Recordó que esta definición comenzó a establecerse en 1995, cuando se plantearon las características necesarias para clasificar una sustancia como prebiótico. Bajo este enfoque, la interacción con la microbiota permite favorecer una comunidad microbiana benéfica y contribuir a la salud intestinal.
Levana, inulina y el potencial de los alimentos fermentados
Dentro de esta línea de investigación, el grupo estudia polisacáridos de fructosa, entre ellos la levana y la inulina. El investigador explicó que estos compuestos pueden ser considerados prebióticos por su relación con las poblaciones bacterianas de la microbiota intestinal, mientras que las enzimas presentes en esta comunidad microbiana pueden descomponerlos en azúcares que posteriormente son aprovechados por las células.
La búsqueda de microorganismos productores de estas enzimas llevó al grupo a realizar procesos de bioprospección en ecosistemas alimentarios y alimentos fermentados. Entre los productos estudiados se encuentran el pulque, el pozol y el tesgüino, debido a la presencia de polisacáridos generados durante la fermentación. En el caso del pulque, López Munguía destacó la presencia de una dextrana de alta viscosidad y planteó el interés de estudiar sus posibles relaciones con la microbiota intestinal, aunque también señaló que existen pocos estudios epidemiológicos que vinculen directamente el consumo de esta bebida con la salud de las poblaciones rurales.
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El investigador también relató que el grupo identificó microorganismos capaces de producir inulina y desarrolló procesos para obtenerla mediante enzimas. A partir de estos trabajos se realizaron pruebas para analizar su capacidad prebiótica y su utilización por microorganismos asociados con la división de los probióticos. En colaboración con el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (CIATEJ), se empleó además un simulador de digestión integrado por cinco reactores que reproducen distintas etapas del proceso digestivo y que pueden inocularse con la microbiota de un paciente para evaluar diferentes prebióticos. El trabajo permitió estudiar su capacidad como fuente de carbono y derivó también en una patente.
Otra línea de trabajo surgió a partir de la alimentación de camarones con inulina. En colaboración con el Dr. Adriano Ochoa, se diseñaron dietas que incorporaron este compuesto como fibra y posteriormente se analizó la microbiota generada en los animales. El trabajo publicado en Scientific Reports examinó la microbiota benéfica inducida por la fibra en la dieta, además de observar la ganancia de peso. A partir de esta microbiota, un estudiante aisló un microorganismo cuya actividad enzimática ayudó a explicar su capacidad para utilizar la inulina.
Microbiota como eje para nuevas aplicaciones de los prebióticos
López Munguía destacó que la diversidad estructural de las inulinas presentes en el agave plantea una pregunta central: qué comunidades de la microbiota intestinal se benefician específicamente de cada estructura. Explicó que esta diversidad puede ser relevante para desarrollar nuevas aplicaciones, especialmente porque actualmente existen estudios clínicos en hospitales de México en los que la inulina de agave forma parte de protocolos.
El investigador también presentó como referencia la experiencia japonesa con alimentos fermentados tradicionales, entre ellos la soya, el miso y el natto. Durante su exposición citó un trabajo en el que se comparó la microbiota de personas japonesas delgadas y con obesidad y se identificaron diferencias pese a una ingesta similar de sacarosa. Entre los hallazgos descritos se encuentra la presencia de Streptococcus salivarius en el intestino delgado de la población delgada, donde utilizaría el azúcar antes de que sea absorbido.
A partir de estos ejemplos, López Munguía planteó que México también cuenta con un amplio potencial en sus alimentos fermentados y en los microorganismos que participan en estos procesos. Señaló que existen oportunidades para estudiar la riqueza de estas comunidades microbianas y los posibles usos de sus polisacáridos y prebióticos. Para avanzar en esta dirección, consideró necesaria una mayor colaboración entre grupos especializados, ya que investigaciones de gran alcance requieren la participación coordinada de múltiples disciplinas.
A lo largo de su exposición, el investigador subrayó que una de las dificultades para llevar estas innovaciones del laboratorio a la industria es precisamente la falta de estructuras intermedias que permitan escalar los desarrollos, validar sus aplicaciones y facilitar su transferencia. En el caso de los prebióticos, esta transición también se enfrenta a exigencias crecientes para demostrar sus beneficios y a obstáculos relacionados con la producción mediante microorganismos modificados genéticamente. La investigación sobre levana, inulina y otros prebióticos muestra cómo el estudio de los microorganismos y de la microbiota intestinal puede abrir nuevas rutas para comprender la relación entre alimentación, fermentación y salud.
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